Relatos de Vanesa, Nicolás A. y Lucía
Empezó a sudar, sus gotas de transpiración iban de su frente, pasando por sus ojos enormes esforzándose para poder ver por lo menos algo por la luz del sol que entraba por las hendijas de su ventana, por su boca llegando a su cuello que ahí se resbalaban libremente por su cuello, su respiración comenzaba a ser cada vez más y más fuerte, su corazón se aceleraba y los nervios eran cada vez mayores.
Decidió salir de su habitación para llegar a su cocina para poder sentarse, relajarse y abrir sus grandes ventanales, porque no se le ocurrió nada mejor ya que no podía pensar con claridad por el miedo que lo invadía, logró salir sin sus anteojos y todo seguía completamente oscuro. Sus manos iban y venían de un lado hacia el otro, de arriba hacia abajo y daba sus pasos muy inseguro porque temía toparse con la escaleras cada paso que realizaba sudaba más y sus respiración se aceleraba. Luego de haber hecho varios pasos sintió que su corazón se paró por un segundo, que iba por el aire que eso se sentía muy placentero quiso volver hacia atrás pero ya era demasiado tarde y llego más rápido de lo pensado a su destino.
INVADIDO POR LA AVARICIA
Era un sábado como de costumbre, había ido a pescar con sus amigos, el día transcurrió normalmente pescaron mucho, comieron un sabroso asado pero ya finalizado el día, invadido por la avaricia, por querer sacar más que los otros decide posicionarse en una zona del terreno la cual era resbaladiza y peligrosa pero a él no le importaba, iba caminando lentamente y en un momento deja que el anzuelo vuele como un pájaro por los aires lo que hace que también él sienta que está volando junto al anzuelo y también sintiéndose un pájaro volando por los aires, pero luego siente que la fría corriente comienza a atrapar su cuerpo entonces él lucha por liberarse de esas frías corrientes que lo tenían atrapado pero no lo logra y trata de sostenerse de las pantanosas orillas pero parecía que lo rechazaban y no lograba salvarse, en un instante como un relámpago siente que una mano logra entrelazarse con una de sus manos y lo logra salvar de esas corrientes que lo tenían atrapado y que por un instante casi terminan con su vida.
Nicolás Aguirre
La familia llegó a Palermo e ingresó al restaurante, se sentaron en la mesa de siempre, con una hermosa vista a una fuente de agua muy grande e iluminada donde las personas paseaban a su alrededor disfrutando de la hermosa noche de verano.
Ella queriendo verse siempre bien, decide levantarse y dirigirse hacia el baño del lugar para retocar su maquillaje. Entró, cerró la puerta, esa puerta pesada, silenciosa; retocó su rostro colocándose un poco de rubor en sus mejillas y luego se dirige hacia la puerta para salir, para volver a su mesa. Con sus manos delicadas gira el picaporte, y empuja, empuja con fuerza, pero nada sucede, la puerta sigue inmóvil, vuelve a intentar y nada ocurre. Comienza a correrle una intensa sensación de frío por el cuerpo, se siente sola, siente la sensación de querer romper todo y tirar abajo esa puerta, esa puerta que parecía una simple puerta, pero que hacía sentir a la mujer con mucho pánico. La mujer comienza a enloquecer, saca su celular, intenta llamar a su marido en busca de ayuda, pero nada, su celular no tenía señal. Comienza a gritar, grita con todas sus fuerzas. Por momentos se le hace insostenible la sensación de falta de aire que va corriendo por ese lugar, por ese baño, a causa del encierro.
Me gustan los tres cuemtos.
ResponderBorrarEn el de Vanesa, en el segundo parrafo donde dice que pasan llegando a su cuello que ahi se respalan libremente por su cuello, sacaria el segundo "por su cuello", porque queda repetitivo.
En el cuento de Nicolas creo que le faltan algunas comas, porque se mezcla.
Macarena
muy buenos todos
ResponderBorrarnicolas
Me Gustaron Mucho Los Dos.
ResponderBorrarMuy bueno el de nicolas
Vanessa
Nicolás y Vanessa, ¿podrían decirnos algo más de por qué les gustaron esos cuentos?
ResponderBorrar¿Coinciden con lo aportado por Macarena?